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Paloma Linares Bamonde:
Bachiller en Economía de la UP, Gerente de Logística de Clientes
en Procter & Gamble Perú, Coordinadora Principal del Proyecto de
Capacitación de Jóvenes de Instituciones Infantiles- Asociación
Civil Voluntades
Karla Knize Estrada: Bachiller en
Economía de la UP, Analista Finanaciero de la Constructora
Odebrecht, Coordinadora General del Proyecto Red
Pamplona
El programa “Agua para todos”, liderado por el
partido aprista, se ha convertido en un tema visitado y
controversial. Sin embargo, ¿qué tan claro tenemos el déficit real
actual y sus implicancias? ¿Qué tan constructivo ha sido el análisis
alrededor de esta iniciativa?
De acuerdo con el informe de
Déficit de Saneamiento 2006, elaborado por en el Ministerio
de Vivienda, solo el 62% de las viviendas ubicadas en zonas urbanas
a nivel nacional cuenta con los servicios de abastecimiento de agua
y servicios higiénicos en la condición de aceptable (acceso a red
pública dentro de la vivienda); mientras que en las zonas rurales,
el porcentaje es solo de 40% aproximadamente (acceso a red pública,
pilón o pozo). En términos de crecimiento, la cobertura de agua
potable ha variado muy poco en los últimos 8 años, creció en
promedio 0,87% por año.
En el Perú, según cifras del Ministerio de
Vivienda y Construcción, las tarifas de agua de red pública son
bajas en comparación con las de otros países de la región (0,4
US$/m3, solo superadas por Argentina con 0,19 US$/m3). No obstante,
somos uno de los países con menor porcentaje de cobertura (60%) y
saneamiento (77%). Por ello, las alternativas para muchas familias
son la provisión mediante camión cisterna, reservorios, agua de pozo
entre otras, que no aseguran una provisión constante o segura, pero
sí más cara. En términos prácticos, estas familias consumen agua de
mala calidad, en limitadas cantidades (hasta 8 veces menos agua que
viviendas con abastecimiento de red pública) y a altos precios
(hasta 10 veces más cara).
La situación del déficit de agua
y saneamiento, al margen de su evidente relación inversa con la
calidad de vida de la población y de los costos incrementales de
dinero y tiempo, presenta consecuencias sumamente graves en términos
de salud. En ese sentido, debemos evaluar la salud tanto desde el
punto de vista humano como económico.
Desde el punto de vista
humano, la falta de agua y desagüe, así como las prácticas de
higiene, son mencionadas por la literatura como las causas básicas
de la enfermedad diarreica aguda (EDA) y la consecuente desnutrición
crónica, adquirida principalmente por la población de niños entre 0
y 3 años. La EDA es una de las principales causas de mortalidad y
morbilidad infantil, con daños irreversibles en el capital humano.
La Organización Mundial de la Salud estimó que la sola provisión de
agua y desagüe impacta en la prevalencia de las EDA, reduciendo sus
efectos en mortalidad en 65% y sus efectos en morbilidad en un
26%.
En el Perú, la EDA infantil representa un problema
serio, no solo por el número de casos y su concentración, sino por
los efectos inherentes de esta enfermedad. En este sentido, se
estima que, en las localidades rurales y urbano-marginales, el
número promedio de episodios diarreicos en niños menores de tres
años se encuentra entre 10-12 por año, siendo lo saludable solo 2
casos por año. Como resultado, y dado que las EDA son una de las
principales determinantes de desnutrición crónica, 1 de cada 4 niños
en el Perú sufre de desnutrición crónica, lo cual representa una
importante pérdida de capital humano para el país.
Desde el
punto de vista económico, las EDA son costosas para el Estado y para
las familias. El Estado incurre en costos por su tratamiento o
mitigación por medio de los centros de salud. Las familias, por su
parte, incurren en los gastos asociados al tratamiento de esta
enfermedad. Dichos gastos se estiman en un 40% del ingreso
disponible de estas familias de escasos recursos (entendido como el
ingreso residual después de gastos básicos: alimentación, servicios
y transporte).
El principal limitante para la provisión de
agua y saneamiento es la alta inversión inicial asociada. No
obstante, dicha inversión debe ser comparada con los potenciales
beneficios en términos de la reducción del gasto recurrente del
estado en salud (como los gastos estándares de los centros de salud
por episodio tratado) y la de los costos que asume la población por
el tratamiento de dichas enfermedades. Ello, al margen de un
análisis menos directo que podría realizarse, de cuantificar la
pérdida de capital humano por efectos de impacto en salud, en
especial, por la potencial reducción de prevalencia de la
desnutrición crónica antes explicada.
Desde otro frente, la
provisión de agua y desagüe puede potenciar sus beneficios cuando se
complementa con una sensibilización de la población en términos de
reforzar la importancia de tener conexiones internas, mejorar las
prácticas higiénicas y hacer un uso racional del escaso recurso
agua. Diversos análisis de evaluación de impacto en el Perú,
demuestran que los efectos en la reducción de enfermedades asociadas
a la falta de agua pueden ser 28% mayores cuando se complementan con
una adecuada sensibilización de la población.
Existen
sistemas de conexión de agua y desagüe alternativos, que suavizan
los costos de implementación y se han mostrado exitosos en Brasil y
Bolivia y que ya se están probando en el Perú, como el sistema
condominial. La utilización del sistema condominial plantea la
reducción del costo de la obra de conexión mediante el uso de
tuberías más delgadas y menores profundidades de excavación.
Asimismo, en este sistema el usuario ya no es representado por
viviendas sino por manzanas, de donde obtiene su nombre de sistema
condominial, lo cual implica, sistemas de trabajo innovadores por
medio de la participación de la comunidad, mantenimiento de obra en
manos de los vecinos, promoción de la asociatividad y, por lo tanto,
mayor identificación de la población con la obra o proyecto, lo que
lleva necesariamente a mejores resultados. Este sistema es
aproximadamente 40% menos costoso que el convencional.
En la
actualidad, la propuesta del Estado de enfocar recursos en
incrementar la cobertura y acceso a servicios de agua y desagüe es
motivo de polémica. El proyecto que abandera esta propuesta, “Agua
para todos”, con una inversión estimada de 400 millones de soles, se
está iniciando en un ambiente de incredulidad y rechazo,
principalmente por el alto monto de inversión que representa y por
el reciente decreto supremo 020-2006, del Ministerio de Vivienda,
que declara en estado de emergencia la infraestructura para prestar
servicio de saneamiento. El monto de la inversión proyectada, solo
para la primera fase, supera en más de 30% la inversión anual de
Sedapal. El DS 02 – 2006 también estipula, implica la ejecución de
obras y contratación de servicios sin necesidad de la tramitación
del expediente administrativo correspondiente, para los diez
proyectos iniciales.
A la luz de lo expuesto en este
artículo, instamos a evaluar esta iniciativa de mejorar el acceso de
la población a un servicio prioritario, en una forma más
constructiva y a invertir los recursos en un análisis holístico y de
eficiencia fiscal. En ese sentido, el enfoque debería estar dirigido
a entender:
a) El verdadero costo-beneficio de esta inversión
desde una perspectiva multisectorial, que incorpore los potenciales
ahorros en gastos del Estado en salud. Ello podría complementarse
también con esfuerzos por cuantificar el costo social relacionado,
como los gastos directos de la población en salud y el deterioro del
capital humano.
b) Maximizar el impacto del programa, con
énfasis en la importancia de complementarlo con campañas de
sensibilización de la población para incentivar la habilitación de
conexiones internas, mejorar las prácticas higiénicas y promover el
uso responsable del recurso agua.
c) Reducir los costos
directos asociados al proyecto, mediante el planteamiento de
alternativas de menor costo, como la implementación masiva del
sistema condominial ya mencionado, o la incorporación de sistemas
realistas de financiamiento, por medio de los cuales los pobladores
beneficiados puedan aportar en la inversión requerida.
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